Y la plástica platense se vistió de gala.

Desde aquellas obras de José Juan Speroni, o las de Octavio Carlevaro, o de Armando Miotti, o alguna muestra de Roque del Buono, que la paleta local de temática costumbrista no se enseñoraba, radiante y suficiente, en una sala de la Ciudad.
El salón de Reuniones de la Federación de Clínicas de la Provincia de Bs. As. puso el marco adecuado; del contenido - pletórico de luz pampeana -, se encargó Alberto Pinciroli, un platense por adopción.

¿Quién es Alberto Pinciroli? Un bonaerense nativo de la ciudad de Lobos profesional de la ingeniería electrónica, que enamorado de los montes y lagunas, y de las viejas construcciones eregidas en las llanuras, sean estas: caserones, almacenes, estaciones ferroviarias, cascos o ranchos criollos, decidió un día trasladar ese paisaje que lo conmovía, al lienzo.
Puesto en acción su pincel y su paleta creyó necesario, para que sus obras no pierdan verismo, buscar los consejos de un maestro, y en el taller de Marco Borio y de la Sra Carlota Fisch (con la que lo une una gran amistad) encontró la guía precisa, esa que supo marcarle el rumbo seguro, por una huella de telúrica raigambre que deja verse en sus obras.

"Pulperías y Almacenes de la Pampa Bonaerense" fue el título bajo el cual, el artista unificó al docena de cuadros que dieron cuerpo a la muestra.

Corrieron por parte del crítico de arte Jorge H. Paladini, las palabras de presentación al inaugurarse la exposición, y allí entre otras cosas dijo:

"Pinciroli, ha observado con enamorada visión las pulperías y almacenes de antaño, y que aún perduran como memorias en los caminos de nuestra provincia. Y ha sabido, también, rescatar el testimonio histórico de sus ladrillos vetustos, de sus techos de chapas carcomidas por óxidos, de sus yuyales que tapan, lentos, la ruta a cuya vera se alzan estos muros."

La obra de Pinciroli es testimonial, todos los instantes reflejados en sus cuadros tienen vida real; el artista los ha visitado una y otra vez, ha tomado apuntes y bocetos, y luego en su atelier los ha recreado con precisión fotográfica, con verismo histórico, circunstancia que transforma a su obra, como hemos dicho en testimonial, con el valor que eso encierra.
Y decimos "instantes", porque de un modo u otro, por la estación del año, por las lluvias y las sequías, por el día ya soleado, ora nublado, el contexto que hace al paisaje cambia, y porque el paso de los días poco a poco modifica también las construcciones.

Nada escapa a la apreciación del artista, ni el nido aquel del hornero que se apropió de una saliente en el viejo edificio de ladrillos sin revocar que supo albergar a una escuela, o las ramas secas del árbol que se asoma entre la fronda verde, o la sombra casi imperceptible sobre el sendero que encharcó la tormenta; los dolorosos muñones que dejó la poda y de donde han retoñado las nuevas ramas, o la puerta abierta que deja ver el interior del almacén. Todo con detalle minucioso, compone la obra.

Carlos R. Risso